La paradoja del vaso medio lleno en Recursos Humanos

Casi nadie habla de omnisciencia, muy pocos lo entienden, y si hay mención, es cuestión religiosa. Lo que más conviene al hombre es conciencia sobre sus límites, y, por supuesto, de los hábitos que atañen a La Moderación. Ya se mencionó que la protagónica, no es otra cosa que la abocación de un individuo con buenas prácticas de vida. Nadie debería conjeturar pese a su experiencia laboral, un complejo de superioridad:

“Requiem había subestimado al adversario. Dijo que le harían falta quince minutos, pero Lucien había hecho lo esencial en pocas décimas de segundo. Empujó la puerta. Nadie en el salón. Oyó una especie de ruido que se evaporaba desde el dormitorio. Se acercó a la puerta, apoyó la oreja en el marco, acto seguido miró por el agujero de la cerradura…”

Fiston Mwanza Mujila, fue esplendoroso. Toda una obra es su “Tranvía 83”. Nadie mejor que el escritor africano-francés, para dilucidar las críticas a la relación del primer y tercer mundo. Su historia que se amalgama en las vivencias de una amistad entre Requiem y Lucien, deja que decir sobre las partidas de ajedrez entre Dios y el Diablo. Todas las veces se puede subestimar al otro.

La paradoja del vaso medio lleno en recursos humanos

La paradoja del vaso medio lleno o medio vacío, surge en los fenómenos de incomprensión de los talentos que poseen las personas en el mercado laboral. Casi siempre la experiencia profesional es el motor directivo de las decisiones de expertos en gestión humana, y con basto nivel de omnisciencia – pues solo es el trabajo de Dios – acuden a descartar buenos perfiles profesionales en el nombre de la practicidad.

El vaso medio lleno se traduce en un currículum con un mediano ajuste al perfil. El vaso medio vacío se traduce en los costos de aprendizaje de ese candidato al puesto que aspira. Casi nadie nace aprendido, y con ello una obviedad: muchos candidatos apelan a la misericordia de los líderes de gestión humana para ser seleccionados. Y cuando no hay oportunidad, el candidato carga solo con la frustración y tristeza.

Hasta aquí: ¿Por qué hay quienes cargan con la decisión de ser misericordiosos o NO con quienes buscan empleo? ¿Será lícito comportarse cómo Dios descartando la necesidad de tener tacto humano? Tal vez muchas preguntas, no menos amigables, podrían surgir en la diatriba que significa la competencia laboral. Sin embargo, la necesidad de reflexión de quienes ostentan estos lugares de poder son relevantes. Un profesional de recursos humanos debería tener más caución en las decisiones que toma y los perfiles que descarta.

Cómo decidir mejor

Tan importante se ha vuelto el profesionalismo de recursos humanos, que, si bien, sus decisiones pueden traer talentos invaluables para el crecimiento de la empresa, también puede tomar decisiones nefastas atrayendo personal no idóneo. De aquí, se hace imperativo no acudir a la mala interpretación, porque puede resultar mejor darle la oportunidad a un candidato con interés de aprendizaje, que uno con hábitos deplorables y con la experiencia laboral deseada.

 

Es por ello, que cabe preguntar: ¿Quiénes somos para comportarnos cómo Dios?, la decisión de darle la oportunidad a un candidato puede cambiar su vida. Pero si la falta de sabiduría y la estética encaminan las puertas hacia otro con hábitos de sedentarismo y calamidad, ¿que se puede decir sobre el éxito de la empresa, si se logra repensar sobre las decisiones de recursos humanos?

 

“Lucien salió de nuevo con la cerveza en la mano, la vacío en las escaleras.. y cogió una callecilla al azar, solo y cobarde”

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